La
influencia inconsciente
Cuando
el cerebro deja de pensar
Imagine
una cola de personas en una copistería. La cola es larga y se mueve con
lentitud. De repente llega un estudiante con un folio, pide permiso
para pasar y pretende que lo atiendan primero. Todos protestan y obligan
al muchacho a colocarse al final de la cola y esperar su turno, como
todo el mundo.
Ahora imagine la misma escena. Llega el joven, pero esta vez demostrando
prisa
y
preocupación y ofreciendo argumentos, dando alguna razón
(cualquiera) para que lo atiendan primero: «... porque
tengo mucha prisa». La posibilidad de conseguirlo ahora es mucho
mayor. No tanto por la razón que ha alegado, sino principalmente por la
palabra «porque».
Lo que se dice después del «porque» no es lo que más importa. Esta
palabra tiene la capacidad de desarmar el cerebro del oyente.
Se
realizó un estudio con respecto a esto: el estudiante se ponía al
final de la cola y decía: «Necesito sacar
una fotocopia
enseguida, porque tengo que sacar una fotocopia». explicación es vacía,
pero la aceptación era la misma. importa demasiado lo que viene después
del «porque Esta palabra ya es una razón en sí. Observe a los políticos
en la televisión: «Hice esto porque, porque, porque. Usted siente que
tienen un montón de razones, aunque muchas veces el «porque» no tenga
ninguna relación con tema de la discusión.
Saber
cómo utilizar los «porques» es una habilidad gran importancia en la
comunicación. Benjamín Franklin adoptó el método de apuntar en un
papel todos los porques, todos los pros y los contras, de los temas que
investigaba. Si comparaba las dos perspectivas, conseguía tener
una visión
mucho más amplia del problema que si su mente tenía en cuenta una de las opiniones.
Una
respuesta bien formulada puede ser bien aceptada aunque no corresponda
exactamente a la pregunta. los políticos también usan y abusan de esta
técnica, aprovechando las preguntas de los periodistas tan sólo como
oportunidades que se les ofrecen para decir lo que realmente les
interesa en ese momento.
Henry
Kissinger solía bromear con los periodistas sobre ello, y les
preguntaba al comienzo de las ruedas de «Cuáles son las preguntas que
ustedes tienen para mis respuestas de hoy?». El sabía lo que iba a
decir, con independencia de lo que le preguntaran.
Las
respuestas incisivas, principalmente las que contienen la palabra «porque»,
tienen un poder de influencia
inconsciente,
ya que llenan un vacío en el cerebro del oyente, que suele
tranquilizarse si la respuesta coincide con sus expectativas. Eso sucede
a causa de un mecanismo de nuestro cerebro, según el cual toda tensión busca una solución. Cuando
la tensión se disipa, el cerebro ya no necesita concentrarse en
aquello. Si usted quiere ser más inteligente en sus relaciones con los
demás, utilice más la palabra «porque» en sus conversaciones.
Otro
medio para influir en el inconsciente de los demás es la ley del
contraste. Hay un
ejemplo muy sencillo para entenderla. Coloque tres cubos con agua, uno
al lado del otro. El primero debe contener agua caliente, el segundo
agua tibia, y el tercero agua fría,
Introduzca al
mismo tiempo una de sus manos en el primer cubo y la otra en el
tercero. Luego introduzca las dos manos en el cubo del medio, el que
tiene agua tibia. Verá cómo cada mano sentirá el agua
a una
temperatura muy distinta. La mano que estaba sumergida en agua fría
sentirá caliente el agua del segundo cubo, y la que lo estaba en agua
caliente, la sentirá fría. Y no obstante, se trata de la misma agua.
El contraste
con el agua
anterior es lo que hace que la percepción se altere.
Los buenos vendedores utilizan la ley del
contraste
en diferentes
ocasiones, aun sin saber cómo funciona. En una tienda de ropa para
hombre, por ejemplo, después de que Un cliente
compre dos trajes por valor de 500 dólares, el Vendedor le ofrece dos
corbatas de 50 dólares. Hay una buena posibilidad de venderle las corbatas,
aunque en esa tienda
sean caras, porque la tendencia
del
comprador es la
de
comparar por contraste el precio de las corbatas con el de los trajes, y
no la de comparar el
precio
de las corbatas con el que tienen en la
tienda de
al lado.
Una
vez, conocí a un médico del interior Minas Gerais que solía cobrar
caro por sus servicios. Usaba la ley del contraste, y los clientes
pagaban sin protestar le preguntaban cuánto les costaría el
tratamiento, día: ”Ah, eso no le va a costar ni el precio de dos
vacas” persona se asustaba, pero a partir de ese momento tomar como
base el precio sugerido por el médico. llegaba la cuenta, aun siendo
alta, era mucho menor que el precio de dos vacas...
Otro
buen ejemplo de la ley del contraste es elegida por algunas empresas
inmobiliarias. Se ofrece un determinado inmueble a todos los posibles
compradores, a un precio bastante alto, antes de presentar el realmente
se quiere vender. Cuando el vendedor ofrece el segundo inmueble, mucho más
barato y mejor que el primero, la tendencia del cliente será comprarlo
antes de que aumente de precio.
«Porque»
es una palabra mágica.
El
cerebro necesita razones para decidir.
Pero
el mejor ejemplo es la historia del cura que un día abordó un hombre
desesperado por mas que tenía en casa.
—Padre,
no soporto más los gritos de los niños loteo de mi mujer, y ahora
encima llega mi vivir con nosotros. La casa es pequeña, padres ¡Y
un
poco de paz! ¿Qué puedo hacer?
-No tiene usted unos cabritos? Métalos también en su casa
y todo
mejorará.
Al hombre le resulté un poco extraño el consejo del cura, pero de todas
maneras metió los cabritos dentro de la casa. Días más tarde, volvió
más nervioso todavía. el padre escucho sus quejas y le dio otro
consejo:
-Tranquilo, que todo se solucionará rápidamente. Ponga dentro de la
casa también a sus dos cerdos.
«Ahora si que el padre se ha vuelto loco de atar», pensaba
el
pobre hombre mientras regresaba a casa. Pero su confianza en el cura
era tan grande que hizo lo que le aconsejaba.
Des días después llegó el hombre a la iglesia, sin aliento, sucio,
desaliñado, nervioso como nunca. Y le conté al cura el verdadero
infierno en que se había transformado su casa.
—Muy bien —dijo el cura—. Usted ha hecho todo lo que debía hacer.
Ahora regrese a su casa, saque afuera los cabritos y los cerdos, y límpiela
bien.
Al día siguiente el padre visitó a su fiel parroquiano. Lo encontró de
buen humor, conversando con su esposa, la suegra y los hijos.
—Padre, muchas gracias por los consejos! Mi casa finalmente recuperó
la tranquilidad y mi familia es maravillosa!
Usted
también, en su vida cotidiana, puede usar estas técnicas con el
objetivo de influir en el inconsciente de las personas con las que se
relaciona. No obstante, preste atención
para
no manipular a sus semejantes. «Quien a hierro mata, a hierro muere.»